En 1998 los científcos, observando una estrella única, detectaron no solo que el universo se extiende, sino que lo hace en aceleración. Suponían que debía haber algo más que materia, radiación y curvatura de espacio. Algo como un nuevo tipo de energía que causara que las galaxias distantes se alejaran. Concluyeron que una de las vías de desarrollo posible de este proceso podría llevar al “Gran desgarramiento” (Big Rip, en inglés). Algunos se preguntan s i el “Gran desgarramiento” —también conocido como Teoría de la eterna expansión — todavía sigue siendo un futuro posible para nuestro universo. El científco Ethan Siegel explora esta pregunta en su artículo para Forbes.
Las materias conocidas que contiene el universo solo forman un tercio de toda su energía. Sobre la base de estas observaciones, los científicos calcularon que la galaxia se compone en un 68% de energía oscura, cuya densidad —en comparación con la materia y radiación — no disminuye con la extensión del universo. Sin embargo, aunque to
das las observaciones señalan que esta energía nunca cambia su velocidad, densidad, n i otros rasgos, no podemos estar seguros de que sea realmente una constante espacial.
Sin embargo, aunque todas las observaciones señalan que esta energía nunca cambia su velocidad, densidad, ni otros rasgos, no podemos estar seguros de que sea realmente una constante espacial.
Con el paso de tiempo, la materia aumenta y disminuye, pero no más que en una medida establecida. S i esta siempre fuera —1, podría decirse que este parámetro es una constante, pero no es así. Según estudios, puede variar entre —1,08 y —0,92.
S i la variación aumenta, significa que la energía pierde su fuerza y el universo dejará de extenderse. S i este coeficiente se vuelve positivo, tendrá lugar la gran implosión y el universo se convertiría en partículas subatómicas sin cohesión gravitatoria.
S i ocurre lo contrario y disminuye hasta llegar a menos de —1, se daría lugar al “Gran desgarramiento”. La energía oscura se volvería más fuerte.
En este escenario, la aceleración llevaría a las galaxias distantes más lejos de la Vía Láctea y, con el paso del tiempo, estas estructuras enormes perderían la cohesión gravitatoria. Pero este no es el fnal.
Al seguir incrementándose la densidad de la energía oscura, las estrellas en el borde de la Vía Láctea empezarían a abandonar nuestra galaxia. Luego, le seguiría el Sol y nuestro sistema solar comenzaría a flotar en el espacio interestelar. Después, los planetas empezarían a alejarse del Sol. La Tierra quedaría separada del sistema, al crecer en 100 mil millones la densidad actual de la energía oscura.
Es ah í cuando llegaría el peor momento para nuestro planeta: sin gravitación en la Tierra, las células y átomos quedarían destrozados. Afortunadamente, ahora la energía oscura no excede los parámetros. Incluso s i nuestro universo está destinado a dejar de existir a causa del “Gran desgarramiento”, esto pasaría en 80.000 millones de años, como mínimo.
Sin embargo, hoy en día no hay confirmaciones n i refutaciones de que la fuerza de la materia oscura sea constante. Aunque se podrá estudiar mejor en los próximos 10 años, concluye el científico.s
Magec era la deidad del Sol y la luz para los antiguos pobladores de las Islas Canarias. Se trata de una de las divinidades principales. El término mago, con el que los terratenientes castellanos denominaban despectivamente a los agricultores isleños de origen guanche tras la conquista.
A propósito de la ley de Atracción
En los últimos años, hemos oído hablar a través
de libros y diversas páginas en internet, de la “Ley de la
Atracción”. Las explicaciones que se ofrecen varían en
función de los autores, y según los casos, tienen una connotación
más bien religiosa o basada en la espiritualidad de la Nueva
Era, o incluso en algunos casos presentan una tendencia más
mística. No me corresponde a mi realizar comentarios sobre esas
explicaciones, ya que todo el mundo es libre de compartirlas o no, ya
sea total o parcialmente. Sin embargo, y contrariamente a lo que
mucha gente piensa, ya que presentan esta ley como algo novedoso, no
es nada nuevo en absoluto. Lo que es nuevo, en todo caso, es su
nombre.
Desde el punto de vista de la filosofía rosacruz,
lo que llamamos la “Ley de la Atracción” es la
síntesis de una ley universal (la Ley del Karma) y de una facultad
del ser humano (la creación mental). La Ley del Karma,
también llamada “ley de la compensación” en numerosos
textos místicos, opera de tal manera que cada uno recoge (o atrae)
tarde o temprano lo que ha sembrado, tanto positiva como
negativamente. Esto significa que nuestro destino está condicionado
en gran medida por lo que pensamos, decimos y hacemos todos los días,
lo que implica a nuestro libre albedrío. Si preciso “en gran
medida” es porque en algunas ocasiones nos vemos confrontados
con eventos que no son de origen kármico, sino que se deben a que es
imposible vivir en la Tierra sin sufrir en mayor o menor medida
ciertas eventualidades.
En cuanto a la creación mental, se trata de la
facultad que nos permite, a través de la visualización, crear
mentalmente lo que queremos que suceda (o queremos atraer a nuestras
vidas). El método que se debe seguir se enseña a los miembros de la
AMORC
desde el inicio de sus estudios místicos, por lo que lo pueden
utilizar regularmente para dirigir sus vidas de la manera más
positiva posible. Sin embargo, sería erróneo sugerir que es
suficiente con desear que esto o aquello ocurra, por muy positivo que
sea, para que realmente suceda. De hecho, es necesario merecerlo
kármicamente. Por otra parte, tenemos que actuar en consecuencia,
pues todo el mundo conoce el dicho “Ayúdate y el cielo te
ayudará”.
De acuerdo con las explicaciones anteriores,
podríamos decir que la ley de la atracción designa más bien el
principio según el cual todo ser humano puede “atraer”
a su vida los acontecimientos que se ajustan a sus más queridos
deseos, pero dentro de los límites del karma, tanto positivo como
negativo, que crea para sí mismo a través de las decisiones que
toma. Esto implica no sólo usar el poder creativo del pensamiento,
sino también esforzarse por pensar bien, hablar bien y actuar bien
en su vida cotidiana. El que logra conciliar estos dos requisitos
aumenta exponencialmente sus posibilidades de vivir feliz, sabiendo
que la felicidad es una búsqueda constante, de cada momento.
En su máxima expresión, la Ley de la Atracción no
es otra cosa que una manifestación de la Ley del Amor. En el plano
físico, es esta ley la que hace que los átomos se atraigan para
formar moléculas, que a su vez se unen para formar sustancias
materiales. En los reinos vegetal y animal, suscita la atracción
entre las polaridades masculina y femenina, por la que las especies
pueden reproducirse. Esta Ley también opera a través del reino
humano, donde se genera no sólo la atracción entre los sexos, sino
también, y quizás sobre todo, entre las personalidades e incluso
las almas. De hecho, es la expresión en la Tierra del Amor
Universal, esa fuerza extraordinaria que es la fuente de toda la
Creación y que, más allá de las apariencias, la anima y la
sostiene
A proposito de la La Cábala

La cábala (de קבלה, cabalá «recibir») es una de las principales corrientes del esoterismo judío. La base estructural de este estudio consiste en el análisis del Árbol de la Vida. Entre los judíos, es la tradición oral que explica y fija el sentido de la Sagrada Escritura.
En la antigua literatura judaica, cábala era el cuerpo total de la doctrina recibida, con excepción del Pentateuco. Así pues, incluía a los poetas y los hagiógrafos de las tradiciones orales incorporadas posteriormente a la Mishná.
Según la tradición judía, es el Conocimiento que Moisés, después de su iluminación en el Monte Sinaí, habría transmitido a un círculo cuidadosamente elegido de discípulos, enseñanza que estos habrían perpetuado a su vez. Durante siglos, este conocimiento se transmitió solo de boca en boca, de una manera, si no secreta, al menos muy discreta y confidencial. Con el tiempo, se fueron poniendo algunos aspectos de estas enseñanzas por escrito. En general, podemos decir que la Cábala es al judaísmo lo que la Gnosis al cristianismo. En otras palabras, es la rama más esotérica y oculta, por lo que es relativamente poco conocida y estudiada, aunque debemos reconocer que hoy en día goza cada vez de un mayor interés.
En la antigua literatura judaica, cábala era el cuerpo total de la doctrina recibida, con excepción del Pentateuco. Así pues, incluía a los poetas y los hagiógrafos de las tradiciones orales incorporadas posteriormente a la Mishná.
Según la tradición judía, es el Conocimiento que Moisés, después de su iluminación en el Monte Sinaí, habría transmitido a un círculo cuidadosamente elegido de discípulos, enseñanza que estos habrían perpetuado a su vez. Durante siglos, este conocimiento se transmitió solo de boca en boca, de una manera, si no secreta, al menos muy discreta y confidencial. Con el tiempo, se fueron poniendo algunos aspectos de estas enseñanzas por escrito. En general, podemos decir que la Cábala es al judaísmo lo que la Gnosis al cristianismo. En otras palabras, es la rama más esotérica y oculta, por lo que es relativamente poco conocida y estudiada, aunque debemos reconocer que hoy en día goza cada vez de un mayor interés.
Como probablemente sabréis, la Cábala se basa en
un “corpus” de varios libros fundamentales: el “Sepher
Yetzirah” (Libro de la Creación), el “Sefer ha-Bahir”
(Libro de la Claridad) y el “Sepher ha-Zohar” (Libro del
Esplendor), que ha sido llamado también la “Biblia” de
los cabalistas. Según los expertos, para entender bien las ideas y
conceptos tratados en estos libros lo ideal es dominar el lenguaje
hebreo, pues además de su belleza, incorpora muchas sutilezas que
hacen que cada palabra tenga varios significados. Por eso se dice que
la Cábala se puede abordar desde cuatro niveles diferentes: el
sentido literal, el alusivo, el sentido alegórico y por último el
significado secreto.
Uno de los elementos fundamentales de la Cábala es
el conocido Árbol cabalístico, también llamado el “Árbol de
la Vida”. Básicamente, yo diría que simboliza por sí mismo
el cómo y el por qué de la creación, siempre a la luz del
esoterismo judío. En resumen, podríamos decir que se originó en el
pensamiento, la palabra y la acción divinas (Ain, Ain Soph y Ain
Soph Aur) y se manifestó entonces en una serie de emanaciones
(Sephiroth), desde la más espiritual (llamada Kether, que significa
Corona) hasta la más material (Malkuth o Reino), correspondiendo
esta última al universo manifestado, incluyendo nuestro sistema
solar y la propia Tierra. Por otra parte, los diez Sephiroth, que
representan a la vez distintos mundos y diferentes planos de
conciencia, se distribuyen sobre tres pilares simbólicos, cada uno
con un significado esotérico bien definido: Boaz (el pilar de la
izquierda) simboliza el Rigor, Jaquín (columna de la derecha)
simboliza la Misericordia; entre estas dos columnas se encuentra el
“pilar del medio”, que representa el estado de Sabiduría
alcanzado por cualquier persona que se ha convertido en Maestro de
los opuestos de la vida.
Obviamente, el estudio de la Cábala es de gran
interés para cualquier persona que realiza una búsqueda mística y
espiritual. Por esta razón forma parte integral de las enseñanzas
rosacruces y martinistas desde hace siglos. Debemos aclarar que desde
principios del siglo XX la Orden
Martinista Tradicional está apadrinada por la Antigua
y Mística Orden de la Rosa Cruz. Por supuesto, existen otros
movimientos y grupos que también la enseñan, pero hay que ser
prudentes en este aspecto, ya que la Cábala, como otras muchas
tradiciones, a menudo ha sido usada en favor de intereses que tienen
muy poco que ver con lo que realmente son, es decir, senderos para
adquirir el Conocimiento Interior y la sabiduría.
A PROPOSIO SI EXISTE VIDA EN OTROS PLANETAS
Regularmente la comunidad científica y la opinión pública se plantean la cuestión de si existen o no vida en otros planetas, es decir, seres que viven en otros mundos diferentes a la Tierra.
Todos hemos visto u oído en los medios de comunicación como numerosos testigos han informado de “objetos volantes no identificados” (OVNI), que en principio corresponderían a dispositivos o naves espaciales que sobrepasan con mucho nuestra actual tecnología. Para algunos, esto es una evidencia irrefutable de que el universo está habitado por otras civilizaciones. Para otros, los más escépticos, esto no prueba nada, y no dan ninguna veracidad ni crédito a las lógicas y razonables observaciones que se han realizado en este campo por investigadores que, al margen de su pasión por el tema, llevan sobre sus hombros muchos años de trabajo y dedicación.
Suponiendo que no haya ninguna prueba científica de la existencia de vida extraterrestre, cosa que sinceramente dudo, bastaría aplicar una buena dosis de sentido común para darse cuenta de que esta tesis es algo más que razonable. De hecho, sabemos que el universo contiene alrededor de cien mil millones de galaxias y que cada galaxia tiene unos cien mil millones de estrellas que podrían tener un sistema planetario a su alrededor, como es el caso de nuestro sol. Con toda probabilidad, existen cientos e incluso miles de sistemas solares comparables al nuestro. Por lo tanto, ¿es razonable pensar que sólo la Tierra está habitada? Parece obvio pensar que pueden existir otras muchas “humanidades” en el universo, algunas seguramente mucho más avanzadas que la nuestra, otras quizás no tanto.
A este respecto, el tema de su supuesta tecnología siempre adquiere un lugar preponderante en las discusiones de este tipo, ya que dadas las distancias interestelares, se requeriría que tuvieran medios de desplazamiento tremendamente potentes y veloces. Algunos científicos creen que necesitarían desplazarse a velocidades superiores a las de la luz (300.000 kms/segundo). Teniendo en cuenta que actualmente los cohetes más rápidos no superan los 30.000 kilómetros por hora, parece algo imposible. Pero ¿por qué no? Hace apenas 20 años algunas cosas que hoy utilizamos de forma cotidiana, como los teléfonos móviles y otro tipo de dispositivos relacionados con internet, nos parecían pura ciencia ficción. Además, es probable que haya formas de desplazamiento que trasciendan las que conocemos actualmente. Así que el tiempo, maestro supremo de la evolución, lo dirá…
Hablando de la evolución, para mi al igual que para muchos otros Rosacruces, la existencia de vida extraterrestre en otros planetas diferentes a la Tierra es algo tremendamente probable, ya que sirve entre otras cosas para apoyar un proceso cósmico y universal: el de la evolución. Para ser más precisos, esta ley, que permite al alma universal evolucionar y tomar conciencia de forma gradual de su perfección latente, opera fundamentalmente a través de los seres vivos. Teniendo en cuenta este hecho, la vida no puede limitarse sólo a nuestro planeta, en cuyo caso el resto del universo no tendría ninguna utilidad. Sin embargo, como dijo Albert Einstein, “No existe el azar. Dios no juega a los dados”. Desde el punto de vista rosacruz, la vida es universal y dondequiera que exista, sirve como un vehículo de la Conciencia Cósmica.
Para terminar, me parece lamentable que algunos libros o películas dedicadas a ellos los presenten frecuentemente como criaturas deformes, antiestéticas, o incluso aterradoras. Además, generalmente se comportan como invasores vengativos con el objetivo de destruir a los hombres para apropiarse de la Tierra. Esta visión no hace sino exteriorizar nuestra propia desarmonía interior y nuestro miedo a lo desconocido. Sería mejor verlos como seres pacíficos que probablemente tengan mucho que enseñarnos, sin tener por ello que esperarlos como si de un “mesías” se tratara.
Mirando al cielo, desde cualquiera de los hemisferios, se pueden ver sin telescopio unas 4.500 estrellas. Esa minúscula muestra de los innumerables soles del universo ni siquiera es representativa de los mundos que existen. Las estrellas más abundantes, tres de cada cuatro en la Vía Láctea, son las enanas rojas y tienen un brillo tan tenue que no pueden contemplarse a simple vista. Ni siquiera la más cercana de ellas, Proxima Centauri, a solo 4,5 años luz, es visible en el cielo nocturno. Sin embargo, es en torno a esos astros donde se empieza a plantear que, por probabilidad, será más fácil encontrar mundos habitables. Precisamente en esa estrella vecina, los astrónomos acaban de encontrar un nuevo planeta que puede ofrecer una idea sobre la naturaleza de los refugios de la vida en el cosmos, bastante distintos de nuestro planeta o de lo que cabría imaginar si la Tierra es nuestra referencia.
Proxima b, como han bautizado al nuevo exoplaneta, el más cercano a la Tierra que se conoce, no ha sido observado directamente. Los astrónomos responsables del hallazgo, liderados por Guillem Anglada-Escudé, investigador barcelonés de la Universidad Queen Mary de Londres, revelaron su presencia observando a su estrella. Una pequeña anomalía en su órbita, provocada por la influencia gravitatoria del planeta, ha servido para deducir su presencia y alguna de sus características. Da una vuelta alrededor de su sol en solo 11 días, y tiene un tamaño ligeramente superior a la Tierra y una superficie sólida.
Otra de las condiciones de este peculiar planeta es su cercanía a Proxima Centauri. Se encuentra a un 5% de la distancia que separa la Tierra del Sol, una proximidad que lo convertiría en un infierno si su estrella fuese como la nuestra, pero que la coloca en el área de habitabilidad en el caso de una enana roja. Esto se debe a que las estrellas como Proxima Centauri, con un 12% de la masa solar, consumen su combustible nuclear con mucha parsimonia, tanta que en los 13.000 millones de años de historia del universo aún no ha dado tiempo a que ninguna de ellas haya muerto aún. Con esas características, el nuevo planeta tendría una temperatura de 40 grados bajo cero sin contar con el efecto invernadero de una posible atmósfera, que podría elevar la temperatura sobre aquel mundo por encima de los cero grados.
Los autores, que han publicado sus resultados esta semana en la revista Nature, responden también a algunas dudas sobre la posibilidad de que una enana roja cuente con planetas habitados. Uno de los inconvenientes para la vida de estos sistemas planetarios es que tienen que estar muy cerca de su estrella para tener una temperatura en la que el agua pueda existir en estado líquido. Cuando eso sucede, en gran parte de los casos se da un fenómeno que se llama rotación sincrónica y que podemos ver en nuestra propia Luna. El tiempo de traslación y el de rotación se iguala y el planeta muestra siempre su misma cara a la estrella. Esto haría pensar en un hemisferio abrasado en el que la atmósfera se evaporase, y otro congelado. Sin embargo, según los autores, una atmósfera más densa que la de la Tierra permitiría matizar esas temperaturas extremas a través de la circulación atmosférica y la redistribución del calor.
Alberto González Fairén, astrobiólogo en el Centro de Astrobiología en Madrid y en la Universidad Cornell en Nueva York, que no ha participado en el estudio, coincide con estas hipótesis que permitirían la existencia de vida en Proxima b, y aporta otras. “El hemisferio del planeta expuesto a la luz de la estrella podría fabricar nubes de alta reflectividad que contribuirían a enfriar la superficie. Estas nubes contendrían gran cantidad de agua y cubrirían el cielo de la cara diurna hasta en un 80%. Además, las nubes más densas y gruesas se formarían allí donde la luz de la estrella llegara con mayor intensidad, aumentando así el albedo [la cantidad de luz que refleja] del planeta. El resultado final sería un enfriamiento notable del planeta”, señala el investigador.
Otro de los grandes problemas para la vida en un sistema planetario presidido por una enana roja serían sus erupciones de rayos X. Al estar tan cerca de la estrella, el planeta recién descubierto tendrá unos flujos de rayos X 400 veces superiores a los de la Tierra. Sin embargo, los investigadores argumentan que varios estudios sugieren que el campo magnético de un planeta así podría prevenir la erosión atmosférica de este tipo de radiación. Esto puede marcar la diferencia entre un desierto y un vergel, como han demostrado las historias divergentes de Marte y la Tierra. En el primero, la falta de un núcleo de hierro como el que tiene la Tierra le dejó con un campo magnético débil que no pudo defender su atmósfera frente a las arremetidas de los vientos solares. González Fairén comenta además que las enanas rojas emiten “la mayoría de la radiación ultravioleta y los rayos X en los primeros mil millones de años de su existencia, para quedar después como estrellas mucho menos activas”. Como la vida media de las estrellas de masa reducida como Proxima Centauri es muy superior a la de las estrellas de tipo solar, hay mucho más tiempo “para la estabilidad de zonas biofavorables en sus planetas en órbita”, concluye.
El descubrimiento, que se logró gracias a los telescopios del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile, forma parte del proyecto internacional Pale Red Dot, lanzado para buscar un planeta parecido a la Tierra en la estrella más cercana al Sistema Solar. Hasta ahora, el mundo más parecido al nuestro descubierto por los astrónomos era Kepler-452b, a 1.400 años luz. La proximidad del nuevo exoplaneta ofrece una oportunidad para estudiar con mucho mayor detalle sus características y buscar en nuestro vecindario las primeras señales de vida extraterrestre.
Mirando al cielo, desde cualquiera de los hemisferios, se pueden ver sin telescopio unas 4.500 estrellas. Esa minúscula muestra de los innumerables soles del universo ni siquiera es representativa de los mundos que existen. Las estrellas más abundantes, tres de cada cuatro en la Vía Láctea, son las enanas rojas y tienen un brillo tan tenue que no pueden contemplarse a simple vista. Ni siquiera la más cercana de ellas, Proxima Centauri, a solo 4,5 años luz, es visible en el cielo nocturno. Sin embargo, es en torno a esos astros donde se empieza a plantear que, por probabilidad, será más fácil encontrar mundos habitables. Precisamente en esa estrella vecina, los astrónomos acaban de encontrar un nuevo planeta que puede ofrecer una idea sobre la naturaleza de los refugios de la vida en el cosmos, bastante distintos de nuestro planeta o de lo que cabría imaginar si la Tierra es nuestra referencia.
En el planeta Proxima b, el día y el año duran lo mismo: 11 días
Los autores, que han publicado sus resultados esta semana en la revista Nature, responden también a algunas dudas sobre la posibilidad de que una enana roja cuente con planetas habitados. Uno de los inconvenientes para la vida de estos sistemas planetarios es que tienen que estar muy cerca de su estrella para tener una temperatura en la que el agua pueda existir en estado líquido. Cuando eso sucede, en gran parte de los casos se da un fenómeno que se llama rotación sincrónica y que podemos ver en nuestra propia Luna. El tiempo de traslación y el de rotación se iguala y el planeta muestra siempre su misma cara a la estrella. Esto haría pensar en un hemisferio abrasado en el que la atmósfera se evaporase, y otro congelado. Sin embargo, según los autores, una atmósfera más densa que la de la Tierra permitiría matizar esas temperaturas extremas a través de la circulación atmosférica y la redistribución del calor.
El mundo más parecido al nuestro descubierto por los astrónomos era Kepler-452b, a 1.400 años luz
Otro de los grandes problemas para la vida en un sistema planetario presidido por una enana roja serían sus erupciones de rayos X. Al estar tan cerca de la estrella, el planeta recién descubierto tendrá unos flujos de rayos X 400 veces superiores a los de la Tierra. Sin embargo, los investigadores argumentan que varios estudios sugieren que el campo magnético de un planeta así podría prevenir la erosión atmosférica de este tipo de radiación. Esto puede marcar la diferencia entre un desierto y un vergel, como han demostrado las historias divergentes de Marte y la Tierra. En el primero, la falta de un núcleo de hierro como el que tiene la Tierra le dejó con un campo magnético débil que no pudo defender su atmósfera frente a las arremetidas de los vientos solares. González Fairén comenta además que las enanas rojas emiten “la mayoría de la radiación ultravioleta y los rayos X en los primeros mil millones de años de su existencia, para quedar después como estrellas mucho menos activas”. Como la vida media de las estrellas de masa reducida como Proxima Centauri es muy superior a la de las estrellas de tipo solar, hay mucho más tiempo “para la estabilidad de zonas biofavorables en sus planetas en órbita”, concluye.
El descubrimiento, que se logró gracias a los telescopios del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile, forma parte del proyecto internacional Pale Red Dot, lanzado para buscar un planeta parecido a la Tierra en la estrella más cercana al Sistema Solar. Hasta ahora, el mundo más parecido al nuestro descubierto por los astrónomos era Kepler-452b, a 1.400 años luz. La proximidad del nuevo exoplaneta ofrece una oportunidad para estudiar con mucho mayor detalle sus características y buscar en nuestro vecindario las primeras señales de vida extraterrestre.
Llegar a otro sistema solar en 40 años
Con la tecnología actual, serían necesarios 30.000 años para llegar a Proxima b. Sin embargo, un grupo de científicos y filántropos aseguran que pueden hacer llegar naves hasta el sistema planetario más cercano a la Tierra en unas pocas décadas. El proyecto Breakthrough Starshot, apoyado por el científico Stephen Hawking, el fundador de Facebook, Marck Zuckerberg, o el magnate ruso Yuri Milner, pretende desarrollar nanonaves de unos pocos gramos. Estos artefactos se moverían con luz láser y serían capaces de llegar al astro en unos 20 años. Antes de eso es posible que se tarde otros 20 años en desarrollar toda la tecnología necesaria. La iniciativa está financiada con 100 millones de dólares.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
