Magec era la deidad del Sol y la luz para los antiguos pobladores de las Islas Canarias. Se trata de una de las divinidades principales. El término mago, con el que los terratenientes castellanos denominaban despectivamente a los agricultores isleños de origen guanche tras la conquista.
Cuánto penaliza jubilarse de forma anticipada y cuál es la bonificación por retrasarla
Cuánto penaliza jubilarse de forma anticipada y cuál es la bonificación por retrasarla
Si el retiro se solicita antes de tiempo de forma voluntaria, la reducción de la prestación puede ser de hasta el 21%. Por cada año que se postergue, se puede aumentar un 4%


La edad legal de jubilación y el número de años cotizados necesarios para cobrar el 100% de la pensión aumenta de forma paulatina en España. En 2027, la escalada se detendrá en los 67 años. Esta será la edad que tendrán que tener aquellos que hayan cotizado durante menos de 38 años y 6 meses. Si se ha cotizado más, seguirá estando disponible el jubilarse con 65 años con la pensión completa. Pero todo esto será en 2027. Este año, en 2023, los que tengan en su historial laboral más de 37 años y 9 meses de actividad siguen teniendo la posibilidad de jubilarse con el 100% de la pensión a los 65 años, si se tiene menos que esa cantidad cotizada, no es posible acceder al 100% hasta tener 66 años y 4 meses de edad.
La cuantía de las pensiones contributivas varía en función de lo cotizado dentro de un amplio rango que va de desde los 783,1 euros al mes en 14 pagas de la mínima que cobra un perceptor sin cónyuge a su cargo, a los 3.059 euros al mes en 14 pagas de la máxima. Con una edad legal de jubilación cada vez más tardía en algunos casos, no es de extrañar que cada vez se contemple más la opción de anticipar de forma voluntaria el retiro. Esta es una opción que en casos ordinarios se puede solicitar de forma voluntaria hasta 24 meses antes de llegar a la edad legal, pero conviene tener muy presente lo que implica: una reducción permanente en la cuantía de la pensión que cambia en función de cuánto de anticipadamente se solicite y del tiempo durante el que se haya cotizado (ver tabla a la izquierda del gráfico).

Así, un trabajador con 40 años cotizados tendría la posibilidad de jubilarse con 63 años, pero si lo pide inmediatamente después de cumplirlos, su pensión bajaría un 19%. Esto significa que si este trabajador fuera a percibir una pensión de 1.700 euros en el caso de jubilarse a la edad que legalmente le corresponde, pasaría a cobrar aproximadamente unos 1.377 euros al mes. Si el trabajador vive lo que de media se suele vivir una vez jubilado, alrededor de 20 años, esto supondría percibir 51.884 euros menos en total, incluso sumando los dos años extras que habría cobrado la pensión al pedir la anticipada, y esto sin tener en cuenta la pérdida derivada de los salarios que se dejarían de percibir o el impacto de las revalorizaciones. Cada vez que se subieran las pensiones, al ser más reducida la cantidad sobre la que se aplicarían las subidas, este jubilado se beneficiaría menos de ellas que si hubiera esperado dos años más.
El sistema de la jubilación anticipada está específicamente diseñado para desalentar sobre todo el pedirla en los primeros meses de disponibilidad. En el mes 19, la penalización que afrontaría el jubilado del anterior ejemplo pasaría del 19% al 9,33%. En vez de 1.700 euros, cobraría en torno a 1.543 euros. De nuevo, si viviera hasta los 85 años, en total, sin tener en cuenta el efecto de hipotéticas subidas de pensiones o la pérdida salarial, habría percibido 465.986 euros en el caso de haber anticipado la jubilación a los 63 años, frente a los 476.000 euros de esperar a la edad legal.
El tiempo cotizado, la base de la pensión
Tanto en lo que a fijar la edad legal de jubilación se trata como a la hora de pedir la anticipada es clave el tiempo cotizado. Tal y como se aprecia en la tabla del gráfico que acompaña a esta información, la Seguridad Social distingue cuatro categorías de jubilación anticipada en función de esta variable. A más tiempo cotizado, menor es la penalización por querer adelantarla. Más allá del cambio de porcentajes, es muy importante tener en cuenta que la reducción respecto a lo que se podría llegar a cobrar puede ser aún mayor en el caso de haber cotizado menos de 36 años y 6 meses.
La penalización por solicitar la jubilación anticipada ordinaria es cómo máximo del 21%, pero la forma de calcular la cuantía de la pensión también puede derivar en una todavía menor prestación.
Para calcular de cuánto debe ser el pago de la pensión la Seguridad Social funciona con una base de cotización. Esto podría definirse como el sueldo bruto de un trabajador al mes y se puede comprobar cuánto es en la nómina o en el simulador de pensiones de la Seguridad Social. El techo de esta base está en 2023 en 4.495,5 euros al mes, el suelo, en el salario mínimo.
Esta base de cotización, además de determinar cuánto se contribuye mes a mes a las arcas de la Seguridad Social, es lo que en teoría cada trabajador tiene derecho a cobrar. No obstante, el sistema está diseñado para premiar a aquellos trabajadores que hayan cotizado durante más tiempo. Como mínimo, para percibir una pensión contributiva de jubilación hay que haber cotizado 15 años en la Seguridad Social. Con esos 15 años cotizados, se tiene derecho al 50% de la base de cotización que correspondería cobrar. Progresivamente, a medida que aumenta el tiempo cotizado, también crece ese porcentaje de lo que se puede cobrar de la base cotizada (como muestra la parte superior del gráfico).
Así, si en 2023 se ha cotizado 36 años y 6 meses, se tiene derecho al 100% de la misma. Por lo tanto, a la hora de sopesar una jubilación anticipada, también hay que tener presente esta progresividad si se ha cotizado menos de esos 36 años y 6 meses.
La jubilación anticipada no siempre funciona igual
La ley prevé diferentes casos especiales en los que las reducciones a aplicar en la pensión funcionan de forma distinta. El supuesto de que se tenga derecho a una pensión de jubilación anticipada que supere a la máxima, si se produce un despido cuatro años antes de la edad de retiro legal o si se tiene una discapacidad son los tres principales.
Una larga carrera de cotización con años de sueldos elevados dan lugar a una base de cotización que, incluso aplicando el descuento del retiro anticipado, da derecho a una pensión que supera la máxima. De facto, si no se aplicaran reducciones especiales en estos casos, el trabajador podría jubilarse dos años antes de su edad legal cobrando lo máximo. Para compensar este efecto, se fijó que cada trimestre de anticipación se aplicara una penalización de -0,5% a la cuantía a percibir. Teniendo en cuenta la pensión máxima, la penalización quedaría de la siguiente manera:
En el caso de haber sido despedido, el trabajador puede solicitar la jubilación anticipada cuatro años antes de su edad legal. En este supuesto, se aplican unos coeficientes reductores diferentes a los que aparecen en el gráfico. En este otro artículo es posible consultarlos.
El contar con un cierto nivel de discapacidad también importa a la hora de jubilarse antes. A mediados de mayo de 2023, el Consejo de Ministros aprobó un real decreto que mejora el acceso a la jubilación anticipada para las personas con una discapacidad superior al 45% Para este colectivo se reducen los años de cotización exigidos de 15 a 5 desde el diagnóstico de la discapacidad. El Gobierno fijó una lista de patologías que dan derecho a esto.
Tras el Consejo de Ministros, el Gobierno explicó que la edad mínima de jubilación de las personas afectadas en un grado igual o superior al 45% por una discapacidad de las enumeradas en el listado será, excepcionalmente, la de 56 años. Si el trabajador tiene una discapacidad igual o superior al 65%, podría jubilarse a partir de los 52 años. Si se ostenta una discapacidad del 33%, se debe recurrir a la jubilación ordinaria.
Vista como funciona la jubilación anticipada, ¿cuánto me dan por aplazarla?
En el mismo Consejo de Ministros en el que el Gobierno cambió la regulación sobre discapacidad y jubilación anticipada también se modificaron las condiciones de bonificación en caso de aplazarla voluntariamente. Un trabajador puede recibir dinero extra por alargar su retiro hasta 10 años. Hay varias modalidades de recompensa.
En la primera, el Gobierno paga un 4% más de pensión por cada año que se demore la jubilación más allá de la edad legal. La segunda ofrece la posibilidad de un pago líquido por cada año completo desde la fecha en la que habría correspondido jubilarse. Ahora, tal y como recoge el Boletín Oficial del Estado (BOE), se ha introducido una tercera opción nueva que es una combinación de las dos que ya había disponibles.
Los trabajadores que pospongan su jubilación entre 2 y 10 años pueden optar por la nueva fórmula mixta. Esto resultaría en un alza a su pensión del 2% por año trabajado de más y la mitad de lo que les correspondería habitualmente de haber escogido la opción del pago único.
Según unas declaraciones del pasado mes de abril efectuadas por el Ministro del ramo, José Luis Escrivá, en 2022 un 5,4% de los nuevos jubilados habían optado por demorar su retiro frente a la media del 4,7% de años anteriores. “No son grandes cifras, pero vamos mejorando”, comentó al respecto Escrivá. A la hora de alargar la vida laboral también cabe tener en cuenta que en algunos de los casos con periodos menores de cotización se hace para ganar el derecho al 100% de la pensión.
¿Hasta qué punto compensa adelantar o aplazar la jubilación?
José Ignacio Conde-Ruiz, doctor en Economía por la Universidad Carlos III de Madrid y subdirector de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), explica que esta decisión depende de muchos factores distintos. “Cuando se tiene que decidir como persona individual si compensa jubilarse antes o después hay que ver la pensión que tendría ahora, la pensión si se jubila dentro de un año, el salario que se tiene, los ahorros, cuánto dinero se necesita para el ocio y la salud con la que se cuenta. Si a un trabajador le duele la espalda en su día a día, le compensará más jubilarse anticipadamente. Es una decisión con una casuística increíble, con muchos parámetros en juego”, asevera.
El experto comenta que si un trabajador percibe un salario muy alto no le interesa jubilarse pronto, algo que cambia en el caso de un trabajador con menor salario. Sobre las distintas bonificaciones de jubilarse más tarde, Conde-Ruiz detalla que si se piensa que se va a vivir lo que la media o por encima de ella, es mejor pedir el aumento mensual de la pensión. En cambio, si se cree que la esperanza de vida será menor, es mejor escoger el pago único. “Es menos dinero, pero interesa más cogerlo si se tiene peor salud. Luego depende de muchas cosas, del salario que se tenga e, incluso, de si la empresa te permite jubilarte más tarde, porque muchas empresas no dejan hacerlo”.
Respecto a qué cabe esperar en un futuro, todo apunta a que las condiciones de jubilarse anticipadamente se irán endureciendo. Victor Alvargonzález, fundador de Nextep Finance, sostiene que desde hace cierto tiempo los políticos de todo signo y de distintos países han encontrado el bálsamo que les permite quitarse de encima los problemas: la deuda. “No hace más que crecer y esa deuda irá creando un coste muy importante. Ahora no se nota porque mucha de la deuda emitida se contrajo cuando los tipos eran bajos, pero con el tiempo, los gastos financieros de la deuda aumentarán. Si ya había un problema para que la gente se jubilara cuando les tocaba, cuando esto ocurra será mucho más difícil. Seguro que nos dirigimos a aumentar la edad de jubilación y a penalizar aún más la anticipada.”, adelanta.
Con esta perspectiva coincide Conde-Ruiz. “Yo creo que el sistema de pensiones se va a reformar en breve nuevamente. El sistema con la última reforma es más insostenible que antes. Puede ser una reforma que aguante hasta las elecciones, pero no es una para el futuro. Quedan muchas cosas por decidir y las veremos en los próximos años. Una de ellas puede ser la de endurecer la jubilación anticipada mucho más, puede ser que a la hora de calcular la pensión se tenga en cuenta toda la vida laboral, hay muchas posibilidades. Lo que sí es seguro es que se va a mejorar la flexibilidad entre pensión y seguir trabajando. Todas las reformas que se han estado discutiendo y que se han decidido no hacer por cuestiones electorales las veremos en los próximos años”, concluye el experto.
Por qué pasear lo cura (casi) todo
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Varios ensayos clínicos y experimentos han demostrado que caminar tiene distintos beneficios físicos y mentales, incluso aunque los paseos sean breves
Paradójicamente, en el hiperactivo siglo XXI, pasear y divagar empieza a tener buena prensa. Preguntado un neurocientífico por los beneficios de andar sin rumbo, dedica 20 minutos a enumerar las buenas razones que tenemos para deambular entre 20 o 30 minutos cada día. “Pasear tiene dos vertientes, cuando lo haces por sitios conocidos y cuando vas por lugares nuevos. Si paseas por sitios que ya conoces, los primeros efectos positivos son los de activación cardiovascular: quien mueve las piernas, mueve el corazón. Mientras paseas, giras la cabeza: el campo visual va cambiando y se encuentran estímulos visuales a la derecha y a la izquierda. De esta manera, se activan ambos hemisferios cerebrales, el paseo los pone a hablar entre sí. Esto es un magnífico ejercicio, pues en el cerebro, un hemisferio suele dominar sobre el otro”, dice el doctor Bruno Ribeiro, profesor del Departamento de Anatomía Humana y Psicobiología de la Universidad de Murcia.
Ribeiro explica que, si se hace de forma consciente “estando aquí y ahora”, el paseo se transforma en un acto meditativo. “Para eso, hay que abstraerse de pensamientos del pasado y del futuro y concentrarse en el presente. Es muy difícil, pero si se consigue, el paseo tendría todos los beneficios de una meditación. A veces, las personas con dificultades para hacer una meditación clásica pueden conseguirlo durante un paseo”.
Pasan aún más cosas en el cerebro cuando paseamos por sitios desconocidos, según indica Ribeiro, como que se libera dopamina, “un neurotransmisor que marca la novedad en el cerebro y sirve para identificar el peligro o para prestar atención. Un buen aporte diario de dopamina elevará otro neurotransmisor, la serotonina, que es la responsable del estado de ánimo. El paseo ayuda a mantener ambos neurotransmisores en niveles altos”.
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Los flâneurs, aquellos románticos paseantes parisinos, fueron identificados por Charles Baudelaire como “observadores diletantes de la vida urbana”. Al principio se los consideraba gente vaga, sin oficio ni beneficio, hombres de poco provecho, dedicados a perder el tiempo. El Gran Diccionario Universal Larousse del siglo XIX de 1872 los describió de un modo ambivalente, inquietos y holgazanes a partes iguales. Pero por esa época también empezaron a aparecer los defensores del arte de pasear. El escritor y crítico literario Charles A. Sainte Beuve dejó escrito que la flânerie era “lo opuesto a no hacer nada”. Y Balzac, que deambular era “gastronomía para los ojos”.
¿Qué se sabe hoy de los beneficios de pasear? Varios ensayos clínicos y experimentos han demostrado que el deambular mental del caminante propicia la creatividad. La explicación es que como no se requiere un esfuerzo consciente para andar, la atención se libera, se abre a nuevas imágenes y asociaciones, la mente lo mezcla todo. Precisamente, es el estado perfecto para innovar. Lo comprobaron dos profesores de la Universidad de Stanford, Marily Oppezzo y Daniel Schwartz, en una serie de estudios en 2014 que midieron cómo caminar cambiaba en cada momento los niveles de creatividad. En los cuatro experimentos, 176 estudiantes tuvieron que completar varias tareas de pensamiento creativo mientras estaban sentados, andando sobre una cinta de correr o paseando por el campus. En una de las pruebas se debían buscar usos atípicos a objetos de la vida cotidiana, como un botón o un neumático. Lo que comprobaron fue que cuando los estudiantes andaban se les ocurrían hasta seis veces más usos para esos objetos que cuando hacían la prueba sentados. Sin embargo, en las pruebas que requerían una respuesta única y precisa se cometieron más errores cuando el grupo iba paseando. Los investigadores concluyeron que dejar la mente a la deriva en un mar de pensamientos era bueno para crear, pero no para encontrar una solución única a un problema.
Por dónde paseamos también importa. No es lo mismo andar por un bosque que hacerlo por una ciudad. Un estudio de la Universidad de Carolina del Sur, dirigido por el profesor Marc Berman, comprobó que los estudiantes que paseaban por una arboleda tenían un rendimiento mejor en una prueba de memoria respecto a los que andaban por la ciudad. Existe una pequeña, pero consistente, selección de trabajos que sugiere que deambular por espacios verdes puede resetear los recursos mentales que se agotan rápidamente en los entornos urbanos creados por el hombre. El argumento de sus autores es que la atención es un recurso limitado que se acaba a lo largo del día. Una esquina llena de gente, con ruido de tráfico, luces y vallas publicitarias consumiría nuestra atención rápidamente, mientras que en un paseo por la naturaleza, en un ambiente sin grandes estímulos, la mente podría desplazarse de una experiencia sensorial a otra y descansar.
Las personas que olvidan cosas con frecuencia también podrían mejorar su memoria con un breve paseo enérgico, pero en este caso la clave está en la palabra enérgico. Según Rong Zhang, profesor de Neurología en el Peter O’Donell Jr. Brain Institute de UT Southwestern, en Dallas (Texas), para mejorar el flujo sanguíneo en el cerebro deberíamos aumentar el ritmo cardiaco durante el paseo. Esto significa sentir algo de dificultad para respirar y tener problemas para mantener una conversación. En su trabajo, un grupo de personas mayores y de mediana edad mejoró la memoria y la función cognitiva con una caminata de media hora durante cinco días a la semana. Un año después, un estudio de seguimiento corroboró estos resultados. Ambos trabajos sugieren que se necesita mantener estos niveles de actividad al menos durante un año para comenzar a notar mejoras en la memoria y la cognición.
Y si es de los que se queda atrapado en bucles de pensamientos rumiantes, pasear también es para usted. Una breve caminata será suficiente para cambiar el foco de la obsesión. En 2020, un estudio publicado en la revista The Journal of Environmental Psychology demostró que andar 30 minutos era suficiente para romper una espiral obsesiva de pensamiento negativo. “La caminata interrumpe el ciclo y nos saca del bucle de pensamientos, ya sea porque el paisaje redirige nuestra atención o porque el ejercicio físico exige cierta concentración”, escribieron los autores.
Para conseguir beneficios cardiovasculares y protección para algunos tumores y enfermedades crónicas, los paseos no tienen que ser muy largos. Según los resultados publicados recientemente por la revista British Journal of Sports Medicine, bastarían 75 minutos semanales de actividad física moderada, la mitad de la recomendación clásica de la OMS, para prevenir una de cada 10 muertes prematuras. Tras revisar 196 estudios con 30 millones de personas, los investigadores comprobaron que el ejercicio moderado frente a no hacer nada reducía en más de un 30% la probabilidad de una muerte prematura por cualquier causa, en un 29% la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, y en un 15% las muertes por cáncer.
Otro trabajo llevado a cabo en 11 centros de Atención de Primaria en España analizó los mínimos necesarios para beneficiarse del ejercicio físico moderado, y concluyó que 50 minutos a la semana de caminar a buen ritmo reducía en un 30% la mortalidad. La importancia de este hallazgo es que para las personas que llevan años de vida sedentaria los beneficios empiezan a notarse con incrementos pequeños de actividad física. Si no se llega a los 150 minutos recomendados, andar 50 minutos semanales a buen paso empezaría a cambiar el estado de la cuestión. No hay un umbral mínimo para conseguir beneficios, siempre se gana paseando.
El filósofo francés Frédéric Gross, autor del ensayo Andar, una filosofía (Taurus), también cree que para pensar bien hay que levantarse de la silla y salir a pasear. “Para pensar libremente hay que hacerlo al aire libre, ligero, como el caminante”, escribe. En su libro cuenta los paseos, más que amortizados, de grandes pensadores como Nietzsche, Rousseau o Montaigne. Y no es que pensemos peor cuando estamos inactivos, pero se nos suelen ocurrir ideas estáticas. “A uno le vienen las ideas precisamente porque no las busca”, dice. Gross recomienda hacer apuntes durante los paseos, en la libreta o en el teléfono, porque son ideas buenas, dice, pero ligeras y frágiles, fáciles de olvidar. Y sería una pena porque, si hacemos caso a Nietzsche, “solo tienen valor los pensamientos que nos vienen a la cabeza mientras andamos”.
Lo peligroso es el choque térmico, no los ‘cortes de digestión’
¿De verdad es arriesgado bañarse después de comer? No existe evidencia científica que relacione ahogamientos con haber comido poco antes. Los expertos recomiendan cambiar el foco a evitar cambios bruscos de temperaturaodos los veranos, en las horas más cercanas a las comidas, hay niños y niñas junto a la piscina o en la arena, esperando impacientes a hacer la digestión. Por fin podrán bañarse cuando finalice este proceso, que dependiendo del progenitor y de la copiosidad de la comida puede durar entre 30 minutos y 2 horas. ¿Qué pasa si se zambullen antes de tiempo? El nombre de la amenaza es de sobra conocido: corte de digestión. Si la digestión se corta, dice la sabiduría popular, te puedes ahogar.
Esta idea de que hay que esperar un tiempo después de comer antes de bañarse existe también en otros países, aunque en las explicaciones populares que ofrecen no hablan de que la digestión se corte. Algunos alertan de que es más probable sufrir un calambre, por lo que estar en el agua sería peligroso. Otros argumentan que, como casi toda la sangre está centrada en el proceso digestivo, llega menos a los músculos de brazos y piernas, haciendo que sea más complicado nadar.
No hay evidencia científica que apoye ninguna de las afirmaciones. De hecho, según un análisis de la literatura científica sobre el tema publicado en 2011 en el International Journal of Aquatic Research and Education, “no se han registrado casos en los que comer antes de nadar haya causado o contribuido a ahogamientos mortales o no mortales”. El texto indicaba que se podía considerar un mito. Sin embargo, seguimos oyendo la recomendación.
“Es un poco leyenda urbana (y rural) llamarlos así, porque poco tiene que ver con la digestión”, asegura Jesús Sueiro, portavoz de la Asociación Galega de Medicina Familiar e Comunitaria (AGAMFEC). “Tiene más que ver con el choque térmico, meterse en el agua muy fría de forma brusca. Es un colapso circulatorio, se produce una hipotensión o una bajada de tensión, una especie de síncope. Se pueden producir mareos, incluso vómitos, y, si en ese momento estás en el agua, puede producir un ahogamiento por la pérdida de conciencia”, explica. Con meterse con cuidado, de forma lenta y progresiva, dejando que el cuerpo se aclimate, ya se elimina el riesgo.
Comidas y ejercicio
La insistencia en relacionarlo todo con las comidas, sin embargo, no está del todo infundada. Andrés Sánchez Yagüe, responsable del comité de Comunicación de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) y jefe de Servicio de Endoscopia en el Hospital QuironSalud Marbella, explica que, en cierto modo, la digestión sí se corta. “Lo que vulgarmente conocemos como corte de digestión es un fenómeno que se denomina médicamente hidrocución. En este fenómeno lo que ocurre es que, ante un cambio brusco de temperatura, por contacto de la piel con agua fría, se detiene la digestión para derivar el flujo sanguíneo desde el tubo digestivo a la piel. Por lo que sí, en el corte de digestión se detiene el proceso de digestión”, asegura. El peligro, según explica, es que “los síntomas digestivos incluyen vómitos que con el estómago lleno pueden desencadenar un paso del contenido del estómago al pulmón, lo que facilitaría el ahogamiento”.
Desde la Escuela Española de Salvamento y Socorrismo, su director Alberto García Sanz puntualiza que ellos distinguen entre dos fenómenos distintos. Lo que llamamos popularmente corte de digestión es en realidad una mala digestión, explica. “Cuando hemos comido, el aparato digestivo necesita de una mayor concentración de sangre y oxígeno, lo que nos produce por ejemplo una somnolencia, en el cerebro hay un menor aporte. Si realizamos una actividad física, lo que estamos haciendo es que los grupos musculares que actúan en esa actividad van a necesitar también aporte de oxígeno y sangre y va a aumentar el ritmo respiratorio y cardiovascular. ¿En detrimento de qué? En detrimento de esa actividad digestiva”, afirma. Aquí, sin embargo, el agua no tiene nada que ver: cualquier actividad física con el estómago lleno puede provocar malestar gastrointestinal, náuseas, vómitos o mareos. Si eso nos ocurre mientras corremos, no pasa nada; si estamos nadando, podemos ahogarnos.
Por otro lado, García Sanz habla de la hidrocución, que es en realidad un shock termodiferencial. “Si nos zambullimos de golpe, sin habernos duchado, en el momento del contacto con el agua se produce un cambio de temperatura, un shock termodiferencial. Ahí puede haber una pérdida de conciencia y con eso nos ahogamos. Podríamos no haber comido”, aclara.
El término hidrocución lo acuñó en los años cincuenta del siglo pasado el profesor francés G. Lartigue como análogo a electrocución. Es una ejecución por el agua, pero no hay consenso científico sobre el proceso fisiológico específico que lleva a que el síncope ocurra, aunque sí se apunta a que el culpable es el cambio de temperatura y no la digestión.
Centrar la prevención en la temperatura
En este fenómeno, que nos obliga a esperar después de comer antes de bañarnos, hay en realidad tres factores que interactúan: la temperatura, la actividad física y la comida. El primero supone un riesgo en sí mismo: si nos metemos en el agua fría de golpe después de haber estado mucho tiempo al sol o haciendo ejercicio —es decir, si nuestra temperatura corporal es elevada—, el choque térmico es mayor y se puede producir el síncope. Esto nos podría ocurrir también si nos damos una ducha fría después de hacer deporte, pero aquí el mayor peligro sería “que nos demos un golpe si perdemos la conciencia”, explica García Sanz.
Lo de la comida entra en juego al relacionarlo con la actividad física. “La recomendación general es no hacer un ejercicio físico después de comer (por eso los deportistas comen con varias horas de antelación a un partido o una competición) o algo que pueda causar un estrés fisiológico, y eso incluiría entrar en el agua de repente y tener un choque térmico cuando el agua está fría (se considera fría por debajo de 24ºC más o menos)”, señala Luis Miguel Pascual, responsable de investigación de ahogamientos.com. Es decir, si uno se mete en el agua justo después de comer, pero no hay mucha diferencia de temperatura entre el agua y el cuerpo o lo hace de forma progresiva, y su intención es únicamente estar a remojo y no hacer ningún tipo de actividad física, no habría ningún riesgo (más allá de los normales al estar en el agua).
El experto insiste en que habría que dejar de hablar de cortes de digestión, ya que no hay evidencia científica de que bañarse después de comer sea peligroso. Lo que sí es potencialmente peligroso es ese shock termodiferencial y es ahí donde habría que poner el foco de la prevención para evitar riesgos desinformados. “No evito el riesgo si me pongo dos horas al sol para hacer la digestión y luego me meto en el agua de forma brusca”, ejemplifica Juan Jesús Hernández, médico y técnico del área de Salud de Cruz Roja. Entre el 1 de enero y el 31 de julio de este año fallecieron 222 personas por ahogamiento, según la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo. No están desgranadas las causas, pero el ahogamiento tras un shock termodiferencial es una de las que está en nuestras manos prevenir.
El mensaje importante, insiste Hernández, es entrar en el agua de forma progresiva, mojándose poco a poco, y tener en cuenta si estamos acalorados. En las piscinas, ducharse siempre antes, porque si entramos tirándonos el cambio de temperatura es más brusco. “De hecho, esta situación, las hidrocuciones, es mucho más frecuente en piscina que en la playa, donde entro de forma más progresiva”, asegura.
No todo el mundo va a sufrir un shock si hace ese cambio brusco de temperatura, pero Luis Miguel Pascual, de ahogamientos.com, explica que tomar precauciones es siempre necesario. “Si tú vas con un coche por una carretera y te pilla una curva de improviso demasiado rápido, no es lo mismo si vas en un coche moderno que si vas en uno más antiguo, con los frenos mal, sin ABS… es ir sumando factores de riesgo. Aquí pasa igual”, indica.
Añade que es muy importante también vigilar a los niños, ya que el principal factor de riesgo en ellos es “el fallo de la supervisión de los adultos”. Y después, todo eso que ya sabemos: “Evitar las zonas poco vigiladas, seguir las indicaciones, etcétera”. Además, en los casos en los que la persona pierde la conciencia, no se ve a nadie luchando en el agua, simplemente se va al fondo, por lo que el riesgo es mayor al tener la boca y la nariz sumergidas, especialmente si nadie se da cuenta y actúa con rapidez. Mucho mejor hacer todo lo posible por evitar acabar en esa situación
La vida pudo haber surgido en el espacio y no solo en la Tierra
La vida pudo haber surgido en el espacio y no solo en la Tierra
Las condiciones cósmicas permiten la generación de péptidos sin agua gracias al efecto túnel cuántico
Vida y universo. Pixabay.
Una investigación que ha recreado en laboratorio las condiciones que prevalecen en las nubes moleculares cósmicas ha comprobado que los mecanismos básicos de la vida pueden desarrollarse en las condiciones extremas del espacio y que la vida no es una condición única de planetas como la Tierra.
Una nueva investigación ha comprobado que los aminoácidos pueden formar péptidos, que son los componentes básicos de la vida, en el espacio, lo que sugiere que la vida tal como la conocemos pudo formarse originalmente en el espacio, y no únicamente en nuestro planeta.
Las teorías actuales sobre los orígenes de la vida establecen que los aminoácidos fueron transportados mediante cometas y meteoritos que sembraron la Tierra en los primeros momentos de su formación, y que a continuación esos ácidos se convirtieron e péptidos debido a las condiciones propicias que se dieron entonces en nuestro planeta.
La nueva investigación desafía esta suposición, ya que ha podido determinar que la conversión de aminoácidos en péptidos puede ocurrir en el espacio. No es necesario que exista un planeta como la Tierra para que la vida pueda germinar en otra parte del universo, concluye esta investigación.
Misterio sin resolver
El origen de la vida sigue siendo uno de los grandes misterios de la ciencia, más de 4.000 años después de que comenzara a formarse en nuestro planeta.
Según las teorías actuales, en los inicios de la formación de nuestro planeta existió una ‘sopa primordial’ con sustancias químicas sencillas que producirían aminoácidos. Estos se convirtieron en las proteínas necesarias para crear las células que, a su vez, dieron lugar a las plantas y los animales.
Lo que nunca ha podido determinarse es cómo se ensamblaron los ‘bloques’ de aminoácidos en las proteínas que formaron la maquinaría celular y las primeras formas de vida.
Lo que aporta la nueva investigación, desarrollada por científicos de la Universidad Friedrich Schiller de Jena y el Instituto Max Planck de Astronomía, ambas en Alemania, es que los aminoácidos pueden convertirse en péptidos más complejos, un componente clave de la vida, en las duras condiciones del espacio. Los resultados se han publicado en Nature Communications.
Con agua…
Según explican los autores de esta investigación, los aminoácidos, las nucleobases y varios azúcares que se encuentran en los meteoroides, por ejemplo, muestran que su origen podría ser de naturaleza extraterrestre.
Sin embargo, añaden, para que se forme un péptido a partir de moléculas de aminoácidos individuales, se requieren condiciones muy especiales que, se suponía, tenían más probabilidades de existir únicamente en la Tierra.
Hasta ahora, esas condiciones incluían la presencia de agua, principalmente porque cada vez que un aminoácido base se combina con otro para formar una cadena peptídica, se debe eliminar una molécula de agua.
“El agua juega un papel importante en la forma convencional en que se crean los péptidos”, explica Serge Krasnokutski, uno los investigadores en un comunicado.
“Nuestros cálculos químico-cuánticos han demostrado que el aminoácido glicina se puede formar a través de un precursor químico, llamado amino ceteno, que se combina con una molécula de agua. En pocas palabras: en este caso, se debe agregar agua para el primer paso de reacción y se debe eliminar el agua para el segundo”.
… y sin agua
Este conjunto de circunstancias contradictorias obligó a los investigadores a observar el origen de los péptidos de una manera completamente diferente y directa, eliminando uno de los dos pasos y el agua del proceso por completo.
“En lugar de tomar el desvío químico en el que se forman los aminoácidos, queríamos averiguar si las moléculas de aminocetena podían formarse y combinarse directamente para formar péptidos”, señala Krasnokutski.
“Y lo hicimos bajo las condiciones que prevalecen en las nubes moleculares cósmicas, es decir, en las partículas de polvo en el vacío, donde los químicos correspondientes están presentes en abundancia: carbono, amoníaco y monóxido de carbono”.
Comprobación exitosa
Para probar esta hipótesis, el equipo empleó una cámara de vacío ultraalto, que les permitiría simular el entorno del espacio descendiéndolo a aproximadamente una billonésima parte de la presión de aire normal y a menos 263 grados centígrados.
Dentro de la cámara, colocaron sustratos artificiales que sirvieron como modelos de partículas de polvo como las que se encuentran en el espacio interestelar.
Cuando los investigadores introdujeron las moléculas de carbono, amoníaco y monóxido de carbono en las superficies de partículas de polvo simuladas, presenciaron la conversión en un solo paso de los aminoácidos de glicina individuales a la cadena peptídica de poliglicina. Y todo sin la introducción de agua.
“Las investigaciones demostraron que, en estas condiciones, el péptido poliglicina se formó a partir de sustancias químicas simples”, señala Krasnokutski. "Estas son, por lo tanto, cadenas del aminoácido muy simple glicina".
Un solo paso
“Y observamos diferentes longitudes”, agrega Krasnokutski con respecto a la complejidad de los péptidos vistos en sus experimentos. "Los especímenes más largos consistieron en once unidades del aminoácido".
Según el equipo de investigación, el éxito de esta conversión de un solo paso sin agua se basa principalmente en un aminoácido "extremadamente reactivo": amino ceteno.
"El hecho de que la reacción pueda tener lugar a temperaturas tan bajas se debe a que las moléculas de aminoceteno son extremadamente reactivas", dijo Krasnokutski. “Se combinan entre sí en una polimerización eficaz. El producto de esto es la poliglicina”.
Factor cuántico
Los investigadores dicen que les resultó sorprendente que esta polimerización de aminoceteno pudiera ocurrir en condiciones tan extremas, similares a las del espacio, principalmente debido a la barrera de energía que esta conversión tiene que superar.
Sin embargo, sospechan que algo puede estar sucediendo a muy pequeña escala, un fenómeno conocido como tunelización cuántica, que está ayudando al aminoácido a sortear esa barrera energética y formar cadenas peptídicas reales.
“Puede ser que nos ayude en esto un efecto especial de la mecánica cuántica”, explica Krasnokutski refiriéndose al así llamado efecto túnel, mediante el cual una partícula elemental puede atravesar de facto una pared.
“En este paso de reacción especial, un átomo de hidrógeno cambia de lugar. Sin embargo, es tan pequeño que, como partícula cuántica, no pudo superar la barrera, sino que simplemente pudo cruzarla, por así decirlo, a través del efecto túnel”.
Mirar más allá
Si se confirmaran los resultados de este estudio más allá de un laboratorio, significaría que los aminoácidos probablemente no necesitan las condiciones que se dieron en la Tierra primitiva para combinarse en moléculas complejas.
En cambio, es posible que esas condiciones ya existan dentro del espacio interestelar, y que la Tierra primitiva simplemente necesitó enfriarse lo suficiente como para que esos componentes básicos de la vida se afianzaran.
Si esta suposición es cierta, significaría que el "origen de la vida" no solo sigue siendo una pregunta sin respuesta, sino que la respuesta ya no hay que buscarla únicamente en nuestro planeta.
Ahora que está claro que no solo se pueden crear aminoácidos, sino también cadenas peptídicas en condiciones cósmicas, es posible que tengamos que mirar no solo a la Tierra para llegar al fondo del origen de vida, concluyen los investigadores.